jueves, 18 de septiembre de 2014

( Cine ) ( Críticas ) Boyhood ( Momentos de una vida )


Cuando la existencia es más grande que cualquier cosa




El cine es un arte camaleónico, donde se basa en cualquier otro tipo de material sea literatura, el propio cine – esa costumbre horrible actual de los remakes o nuevas versiones -, canciones, pinturas o  cualquier otra disciplina u objeto ( ¡ si hasta hay films basados en atracciones de feria !) buscando esas fuentes de cara en definitiva a evadirse de la realidad, crear ficciones que nos saquen de nuestra cotidianidad si bien otras veces el propio medio busca recrear la realidad con diferentes resultados; ser un reflejo de nuestras vidas, o como querríamos que fueran también. Pero a veces se fusionan varias de estas ideas y ocurren pequeños milagros como esta boyhood, la nueva historia/film/experimento de Richard Linkater y que demuestra como la propia vida es lo más importante, imposible de descifrar y mostrar y a la vez como sí se puede profundizar en sus recovecos y misterios.


EL film retrata la vida de Msaon ( el debutante Ellar Coltrane), hijo de padres separados, a lo largo de su vida, poniendo énfasis en los diferentes estadios ( infancia, adolescencia, salto a la universidad ), si bien la principal característica de la historia es que está narrada en tiempo real, es decir, se rodó con el actor infantil las escenas correspondientes a su infancia y luego se esperaron los años oportunos hasta que tuviera la edad requerida para la siguiente parte de su vida.




Una fórmula sencilla pero a la vez revolucionaria, donde el director sigue la metodología de su saga de films protagonizados por Ethan Hawke ( 1 ) y Julie Delpy iniciada con Before sunrise ( 1995 )  pero donde va un paso más allá mostrando lo grandiosa y a la vez íntima que es la propia existencia, la grandiosidad de la vida. Y esto dentro de su aparente sencillez es revolucionario aunque no novedoso, pues algo parecido ya hizo el propio director en antes del amanecer y sus secuelas o la serie de films de Antoine Donel  y François Truffaut, incluso una saga comercial como Harry Potter – no es gratuita la escena donde se asiste al estreno de una de las partes de la saga de Warner -  se puede considerar como una evolución de unos personajes y sus mismos actores que han crecido film tras film  si bien nunca se había rodado de tal manera; se podría haber escogido diferentes actores para las variadas épocas del personaje, pero el sentimiento de acercamiento y de autenticidad que proyecta ver el crecimiento de Mason no se podía haber conseguido de otra forma. Él es el centro de todas las escenas, narradas desde su punto de vista, recurso que le da fuerza y coherencia al conjunto mientras vemos como alrededor suyo se desarrollan personajes reales como la vida misma y sus interrelaciones, como los problemas amorosos de su madre o la relación con su aparente enrollado padre y el crecimiento de su hermana Samantha (Lorelei Linkater, hija del director ).



En ningún momento el salto temporal es atropellado, todo se narra de manera muy homogénea y continuada, incluso el director de manera inteligente usa elementos externos e históricos como las diferentes canciones pop que suenan o que canta el personaje de la hermana, la campaña del senador Barack Obama para las elecciones presidenciales para situar la acción en su contexto histórico y saber más o menos en que momento nos encontramos. Así la cinta sucede de manera fluida y sus casi tres horas de metraje pasan volando mientras acompañamos a unos personajes con los que podemos congeniar o no, pero que rezuman naturalidad y realismo por todos sus poros. Incluso el guionista y director se sirve de esos pequeños momentos de vida para describir situaciones del estilo de vida americano, como el amor por las armas o el sentimiento religioso ( la escena con los abuelos paternos).

Tierna, naturalista, emocionante y coherente con su punto de vista, nada maniquea ni sentimentalista ( que sí sentimental ) Boyhood es un triunfo para Linkater, capaz de darnos un trozo de vida que parece un documental pero no lo es, una simbiosis perfecta con su actor; ahí queda ese plano final maravilloso, ese cruce de miradas mágico, donde la riqueza de la vida es simplemente aprovechar el momento y disfrutar de la vista.





( 1 ) Se podría incluso considerar la descripción de la relación de Hawke y su ex esposa, encarnada por Patricia Arquette ( en su mejor papel en años ), como una nueva parada en la descripción de una relación, como un  apéndice y/o secuela de sus películas anteriores.

1 comentario:

  1. A mi me fascinó la película. Linklater cada día mejor con el tema de los diálogos, como antes lo fueron los grandes directores de cine.

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