martes, 15 de enero de 2013

(Crítica) Jack Reacher


Cruise y el arquetipo superheroico.


Tom Cruise protagoniza, produce y, da la impresión, controla hasta el último detalle de Jack Reacher, su nueva vuelta de tuerca al cine de acción. Es un género en sí mismo, una marca, un arquetipo que aglutina medio viaje del héroe. ¿Busca Cruise devenir mito o, por el contrario, ha asumido motu proprio su condición de mero producto comercial?

Hace años, cosa del siglo pasado, Tom Cruise luchó con todas sus fuerzas por perder la etiqueta de niño guapo de Hollywood y llegar a ser respetado por sus dotes actorales, algo que otros como Brad Pitt o Leonardo DiCaprio consiguieron con más facilidad. Es digno de mención reconocer su valía a la hora de escoger papeles y directores con los que trabajar. Ahí están, por ejemplo Nacido el 4 de julio (Oliver Stone, 1989), Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999), Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999) o Collateral (Michael Mann, 2004). Entidad mediática por excelencia, llegó a tal paroxismo con su militancia ¿religiosa? y su histrionismo en el plato de Oprah Winfrey, que su carrera se resintió. Poco a poco sus papeles han ido perdiendo ambición artística. Parece ser que, resignado a no ser reconocido por los miembros de la Academia, su nueva meta es convertirse en mito, creando una imagen comercial propia que deviene en un nuevo arquetipo del cine de acción. Empezando por las sucesivas entregas de Mission:Impossible (en especial a partir del esperpento que era la primera secuela dirigida por John Woo) hasta la presente película que nos ocupa, Tom Cruise ha redirigido su carrera hasta crearse un personaje público en continua simbiosis con los interpretados. En este film, donde su sonrisa se muestra más que nunca, se juega de un modo, creo, inconsciente con el metalenguaje, presentándonos a Jack Reacher —un ex detective militar, ¿cuán glamoroso puede ser eso?— como algo parecido a una estrella de cine. Mientras unos personajes secundarios cuentan las alabanzas, méritos y misterios de tal personaje, en un montaje paralelo lo seguimos, enfocando siempre su espalda, sin revelarnos por el momento su rostro. Lo vemos en la cama, observando como una atractiva mujer se viste tras una, supongo, noche inolvidable; acudiendo a una oficina de correos donde la recepcionista le sonríe admirada y libidinosa; comprando ropa en una tienda del Ejército de Salvación recibiendo el mismo trato sumiso por parte de la joven dependienta; y finalmente presentándose en la oficina del fiscal, chulesco, arrogante, tan seguro y pagado de sí mismo, irradiando una desafectada indiferencia que la confianza en sus infalibles habilidades le confiere, que se sitúa, al igual que su actor principal, en un punto superior al común de los mortales. Jack Reacher lidia con la inmortalidad, lo cual, siendo el film que nos ocupa un thriller de acción, un problema importante.

Afortunadamente, conscientes de que luchar contra la previsibilidad del producto es una batalla perdida —puro, clásico y gastado Hollywood meramente comercial—, Tom Cruise y su elegido, el guionista, y ahora director, Christopher McQuarrie (que guionizará y dirigirá la quinta entrega de Mission:Impossible), enfocan el film del mejor modo posible. Sin excederse en escenas de acción absurdas y vigilando concienzudamente, rebasándolo ligeramente en algunos momentos, el límite que lleva a la parodia, dotan de un sentido del humor al producto que lo acerca alegremente a algunos de los clásicos films de acción de los 80 y 90. Ligera y simple, no dedica más que algunas exiguas líneas de diálogo a cuestionar el límite entre la ley y los métodos de su protagonista, la película, ya me disculparéis, suda un poco de su trama (por muy americano y aristotélico que sea su guión) y centra su fuerza en unos personajes apreciables. Dicho esto, con algunas interpretaciones denunciables.


Desconozco la serie de novelas original (que lleva 17 entregas en Estados Unidos) escritas por el británico Lee Child, de la que tan sólo se han publicado cinco volúmenes en España (Un disparo, publicada en 2008, es la historia adaptada por McQuarrie en Jack Reacher), con lo cual no sé si la estructura presente en la película venía impuesta en la obra original. Pasados los primeros diez minutos, de largo los mejores de toda la película, se comprueba la total y absoluta renuncia a la sorpresa —y el suspense, es mediocre—, la constatación de una conspiración es mostrada al espectador sin rubor alguno; el punto de vista del film salta constantemente de nuestro héroe ex militar y su aliada a unos malvados que, sorprendentemente, pese a lo absurdamente intrincado de su plan (cierta subtrama con una testigo es delirante) para ocultar unos objetivos meramente económicos, funcionan como equilibrado contrapunto. En este caso no importa el porqué o el cómo (mirad la prensa, cualquier político de nuestro amado país ha hecho peores cosas que estos personajes), sino más bien el quién.

Werneg Herzog (sí, el director ese que no sabe quién es Abel Ferrara) no pretende dar miedo. Pese a interpretar un personaje malvado cuya motivación y fin (la pura supervivencia, nada más; en fin, se queda quieto en casa y tampoco le pasa nada) son tan endebles, con unas características biográficas y físicas esperpénticas, su interpretación es contenida, hierática. Un poco fuera de lugar dado el carácter humorístico, en ocasiones cartooniano, del conjunto. A su lado surge con fuerza un sorprendente Jai Courtney, el único que parece tomarse algo (tampoco mucho) en serio su personaje, interpretando con convicción un secuaz que oscila entre el guerrero fiel y el chico de los recados. Una buena noticia dado el próximo estreno de La jungla: Un buen día para morir (John Moore), donde interpreta al hijo de nuestro policía de Nueva York favorito. Frente a ellos, además del ya comentado semidiós Cruise, y unos secundarios y acomodados “vengo por el cheque y me voy sin que se note” Richard Jenkins y Robert Duvall, tenemos a Rosamund Pike, la clásica (insisto en la ordinariez formal del guión) chica florero, que nos regala la peor actuación que he visto en años. Pese a la ligereza de la propuesta, sigo sin dar crédito a lo visto.

Mirad sus miradas. Buscad matices. Suerte.
Siendo Jack Reacher una película de índole puramente comercial, sorprende —para bien— la distribución espaciada y elegante de las pocas escenas de acción que hay en el film —teniendo en cuenta que el tercer acto está formado casi en su totalidad por un tiroteo—, y la solidez con que están rodadas. Dejando claro que estas minúsculas set pieces no nos descubren nada nuevo bajo el sol, hay que reconocer que Christopher McQuarrie planifica con meticulosidad los diferentes estallidos de violencia, desde un par de peleas simples pero bien coreografiadas —en concreto, la segunda, en la casa de cierto personaje, es ejemplar, física, dura e incluso (en coherencia con el resto del film) graciosa— a una persecución espectacular, exenta (o eso creo) de efectos digitales, filmada con cierta originalidad gracias a unos travellings que, desde una posición alejada, se acercan invasivamente a los coches, y manteniendo siempre al espectador consciente de la posición y situación de cada uno de los perseguidores mediante una visualización del espacio, en base a un excelente montaje, poco habitual en el cine de acción de la última década (tómese como referente la segunda película de Michael BayLa Roca, 1996— o la saga de Bourne, por poner dos ejemplos opuestos, y el caos reinante en sus, eso si, mucho más vigoréxicas persecuciones). En cierto modo me recordó a la persecución final de La fría luz del día (Mabrouk El Mechri, 2012), secuencia que representa un oasis de calidad en medio de, sin ningún tipo de duda, una de las peores películas del pasado año.

En  medio del marasmo de películas realizadas por y para los premios –muchas de ellas de una calidad encomiable- Jack Reacher emerge como la alternativa del llamado entretenimiento puro y duro. Sus excesivos 130 minutos de duración no hacen mella en el espectador. Su ritmo constante, su equilibrio entre acción y thriller de simpleza bestsellera y un agudo y marcado sentido del humor hacen de esta película una buena alternativa para aquellos que quieran dejar el cerebro en casa. Tom Cruise, distanciándose de ambiguos agentes secretos y torturados experimentos de la CIA, presenta su candidatura a clásico héroe de acción, aquel que mientras mata a su némesis te suelta el chascarrillo. En unas semanas Willis, Schwarzenegger y Stallone, cada uno por su lado, volverán para poner las cosas en su sitio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario