jueves, 9 de enero de 2014

(Cine) ( Crítica) Blue Jasmine

La cruda realidad

 



Woody Allen ha vuelto de su periplo europeo: después de trabajar en varias capitales europeas con la excusa de rodar varios y diferentes films, muy desiguales entre ellos, el genio neoyorquino ha vuelto a Estados Unidos y con una historia dramática que recupera al Allen más hiriente, el de Hannah y sus hermanas, delitos y faltas o Recuerdos, situada en la preciosa San Francisco ( una ciudad cosmopolita y preciosa: siempre recordaré personalmente el haber estado allí y ojalá pueda volver algún día ).


 

El guionista y director ha tenido unos años muy irregulares donde ha demostrado ( en escasas ocasiones ) su talento y así dejó su Nueva York en busca de productores europeos para poder seguir rodando un film anual: trabajó en Inglaterra ( con la profunda y doytoyeska Match Point, 2005 y la floja Scoop, 2006 ), España ( la horrible Vicky Cristina Barcelona, 2008 ), Italia ( A Roma con amor, 2012, intrascendente ) o París ( la encantadora Midnight in Paris,2011, Oscar al mejor guión original ) con algún escarceo a su país de origen (con si la cosa funciona, unión con  Larry David ). Pero con esta Blue Jasmine tenemos de vuelta el mejor Allen, con un guión muy bien estructurado y un grupo de actores soberbio. Además deja su característico humor ( si bien hay algo de su personalidad en esa Jasmine ) para encontrarnos con una cinta durísima, una experiencia cruel y despiadada.

 


Porque esta odisea de una atractiva mujer ( soberbia Cate Blanchett, quien mantiene el film sobre sus espaldas de manera ejemplar y capaz de transmitir el dolor y la agonía de tan paradójico y andrógino carácter: ver ese doloroso plano final, el cual le da una estructura circular a la cinta además ) antes rica y que se ve sola ( su marido le ha sido infiel durante años ) y pobre debido a alas actividades ilegales de él ( Alec Baldwin, en su tercer trabajo con Allen, en un personaje que evoca a recientes  escándalos financieros y sexuales de ciertos nombres de la bolsa y las finanzas)  que se ve obligada a vivir con su hermana, ambas son adoptadas  ( una genial   Sally Hawkins , Happy un cuento sobre la felicidad) a la cual siempre la critica a ella y a sus novios  a los que tilda de “ fracasados”, es un viaje por una personalidad herida, rota y enferma, una historia donde Allen dibuja y mira de manera descarnada y desprecia a todos sus personajes, no podemos sentir cariño ni afinidad por ninguno ( quizás por la hermana y sus novios, de clase baja pero sinceros a la postre ), en un dibujo de personajes sorprendente, no recuerdo a un Woody Allen tan despiadado y cruel. Los hombres son misóginos y egoístas, como el personaje encarnado por Alec Baldwin el cual no duda en robar a la gente con tal de llevar una vida de lujo y cegar a su esposa, a la cual es infiel continuamente o el aspirante a político encarnado por Peter Sarsgaard el cual se enamora de Jasmine hasta que conoce su pasado y la rehúye porque puede ser un problema para sus planes futuros; ¿ Y qué decir de las mujeres? Mirar su protagonista, la cual cree llevar una vida plena y feliz y todo es una máscara ante las mentiras en las que vive y que casi destruye la vida de su hermana, una persona sencilla y honesta pero que se deja influenciar por las críticas continuas de Jasmine a pesar de que la vida de ésta sea mucho peor en el fondo; la felicidad está en unas cervezas y una pizza y la sinceridad y comprensión, y no en ostentosos regalos y viajes y almuerzos vacios de contenidos con personajes huecas y falsas.


 

Un drama sin concesiones donde Allen parece invocar el espíritu de Tenesse Williams y sus dramas descarnados llenos de dolor, mentiras y donde el sexo tiene una fuerte presencia: Jasmine no es más que un trasunto de Blanche DuBois, protagonista de un tren llamado deseo, donde sus infelicidad la llevará a un estado enfermizo y quebrado, o el nuevo novio de  Ginger , ese rudo y violento pero en el fondo enamorado Chili ( estupendo Bobby Cannavale )  y que tanto recuerda a Stanley Kowalski

 


Allen vuelve a demostrar su pericia narrativa, más en el plano argumental donde demuestra su habilidad a la hora de conjugar la historia con los sucesivos flashbacks, introducidos de manera que provoquen aún más dolor ante las consecuencias futuras de lo que vemos, que en el visual si bien se apoya en la fotografía de nuestro Javier Aguirresarobe. Se deja de periplos por otros países y nos trae una cinta profunda y dolorosa como la vida misma, que toca temas actuales como la crisis económica y moral imperante en estos días y a una soberbia Cate Blanchett, digna aspirante a cualquier premio que se tercie. Además por último destacar la colaboración, aunque sea escasa, entre dos genios neoyorquinos, pues el agudo cómico neoyorquino Louis C.K. está presente en el reparto. Una cinta obligada de ver, a pesar de lo doloroso de la propuesta.

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