viernes, 5 de octubre de 2012

(Crítica – Sitges 2012 ) Holy Motors


Las 11 vidas de Lavant




Ya tenemos aquí el film-polémico de Cannes, la nueva obra del enfant terrible del cine francés Leo Carax quien vuelve a la dirección con una experiencia ( más que película ) cinematográfica basada en su actor fetiche, Denis Lavant. Surrealista, original, tomadura de pelo, Carax es un espíritu libre que nos trae una obra absolutamente avasalladora, metalingüística, extraña a ratos emocionante otros, pero sobre todo una carta de amor al cine y particularmente a su actor predilecto ( así como también podríamos considerar el film una carta de amor de Lavant hacia Carax ).


EL señor Oscar ( Denis Lavant ) cumple “encargos” a bordo de su limusina, conducida por Edith Scob (actriz francesa musa de Georges Franju, a la cual se le rinde sentido homenaje en el último plano de la actriz en el film ). Dicho medio de transporte es su lugar vital (al igual que el protagonista de Cosmópolis de David Cronenberg), donde tiene su camerino y se transforma en las diferentes personalidades que le piden: desde una vieja mendiga en un puente de parís ( ¿ una referencia a los amantes del Pont Neuf ?), un banquero, un técnico de motion capture que lleva a cabo una extraña ( y muy sexual ) coreografía, un delincuente que mata a otro individuo exactamente igual que él, un padre de familia con una hija adolescente, el ya mítico La Merde ( protagonista del segmento colectivo Tokyo, co-dirigido por Michel Gondry, Joon Ho Bong y el mismo Carax ) en un sensacional y controvertido segmento que co-protagonizado por la bella Eva Mendes hasta un emotivo y profundo capítulo musical con la compañía de la cantante Kilie Minogue ( en un papel inicialmente pensado para Juliette Binoche ).



Llena de escenas raras, surrealistas o sin sentido según mucha gente ( aunque luego fue considerada una de las mejores películas del pasado festival de Cannes, aunque sin premio ), nos encontramos con una obra llena e referencias a sus propios actores así como un discurso sobre el arte de actuar, una carta de amor a su actor principal, así como se tratan temas como el amor o la absurdidad que a veces rige nuestras vidas.



Con momentos inconmensurables como el citado episodio de la merde con una atrevida Eva Mendes y una terrible y directa parodia del mundo de la moda y/o el concepto de la belleza en la actualidad, el melancólico episodio musical con Minogue, y gracias a un Denis Lavant aboslutamente sensacional y atrevido en todas y cada una de sus diferentes interpretaciones, el film se eleva muy alto por encima de su peculiar sentido del humor ( fijarse en las inscripciones de las tumbas en el segmento de Le Merde ) o extrañeza.



Carax esta absolutamente libre en su creación, puede que haya momentos que cuajen más que otros, si bien se debe destacar su gran trabajo formal en un relato ( si podemos llamarlo así, porque no hay una historia contada) lleno de profundos temas aunque no lo parezca; Sala hablaba en relación a la película-polémica de este 2012 y prefirió hacer mención a la “ provocación artística” del film de Carax; no sé si es provocador a conciencia, eso sí no nos deja indiferentes.

Además queda su discurso sobre lo que significa el teatro de la vida, o la profesión misma de actor, a lo que también e pregunta si el actor/actriz tiene fecha de caducidad, respondido en esa divertida y surrealista escena final con las limusinas como protagonistas.

Película llena de grandes momentos, algunos no sé si fallidos aunque extraños pero con grandes mensajes y sobretodo disfrutable para el espectador, toda una experiencia en un título que apunta muy alto y nos devuelve al mejor Carax.

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