viernes, 2 de agosto de 2013

( Crítica ) Oblivion

La Tierra es mi hogar y nada me separará de ella

 


Oblivion es un compendio de todo lo que la ciencia ficción significan para sus creadores, Joseph Kosinski ( en calidad de director y argumentista: la historia se basa en un relato corto en formato de cómic que entregó en primicia en la Comic-Con 2010 para 30 mil asistentes que pudieron recibirlo ) y Tom Cruise como su estrella principal, la cual sigue buscando la fama y éxito perdido a manos de estrellas juveniles o la enésima secuela/remake de turno. Pero la cinta a su vez es un ejemplo de todos los defectos que contiene la corta obra de su director (recordemos que hasta ahora solo es el firmante de la decepcionante y hueca secuela de un título de culto de los 80, Tron, en Tron Legacy ) así como de una escueta e insuficiente historia que bebe de muchas ramas de la sci-fi sin profundizar en ninguna de ellas.

 


La historia nos sitúa en un futuro 2070 donde la Tierra ha sido destruida por una guerra nuclear provocada por el propio hombre a fin de eliminar la invasión de unos extraños invasores denominados carroñeros. Veremos como la escasa humanidad sobreviviente vive en Titán, luna de Saturno, mientras en la Tierra solo quedan dos individuos que se dedican a vigilar las máquinas que transforman el agua del mar en energía: Jack Harper ( Tom Cruise ) y Vicka o Victoria ( una estupenda – y muy bella – Andrea Riseborough: Happy un cuento sobre la felicidad, la inédita Welcome to the punch ). Pero esta “tranquilidad” se verá rota por la aparición de una extraña nave que contiene el cuerpo de Julia ( Olga Kurylenko ), la cual se ha aparecido en repetidas ocasiones en los sueños de Jack y de los ataques de nuevos carroñeros que resultan ser seres humanos, liderados por Beech ( Morgan Freeman ) y Sykes ( Nikolaj Coster-Waldau, Jaime el Matareyes de la serie Juego de tronos ).

 


Oblivion, escrita por Karl Gajdusek ( series Tan muertos como yo o Last resort ) y Michael Arndt ( premiado con un Oscar por el guión de Pequeña Miss Sunshine y futuro guionista de la nueva saga de Star Wars ) a partir de un argumento del propio Kosinski es un refrito de muchas temáticas tocadas en variadas ( y mejores ) cintas que la que nos ocupa:  esos estéticos sueños en una Nueva York ya no existente recuerdan a Desafío Total ( Totall recall, 1990 ) de Paul Verhoeven, el personaje de Tom Cruise no es sino una especie de Wall-E humano y armado ( de la obra maestra de Pixar también recoge el discurso medioambiental, tratado en decenas de tramas sci-fi ), el ( escaso ) discurso filosófico y la ( excelente ) trabajo artístico de decoración bebe de la seminal 2001 de Kubrick, el ambiente apocalíptico recuerda al de sagas de acción y rol de PC como es Fallout y sus secuelas ( sobretodo Fallout 3: Nueva York en ruinas ) y otras muchas que no quiero comentar por no spoilear pero que veréis llegar antes de que se muestren. Pero donde falla la cinta no es en sus citas o los temas que trata ( aunque sea de una manera superficial y nada sorprendente ) sino en los mismo errores que pecaba Tron Legacy y que podemos culpar de ello a su máximo responsable, Joseph Kosinski : una narración deficiente con unas caídas de ritmo alarmante y una falta de emoción, épica y sentimientos en sus ( sí ) muy bellas imágenes pero que resultan un espectáculo hueco y que no expresa nada en el espectador.

 


La película cuenta con un primer tercio muy atractivo, lo mejor del film, donde vemos la relación que hay entre Jack, un Tom Cruise que sigue en su línea eficiente y con un personaje muy parecido al que dio en las cintas de género donde colaboró con el maestro Spielberg en Minority Report y la Guerra de los  mundos, y la deliciosa Victoria, una sorprendente Andrea Riseborough ( para mí, lo mejor de la cinta junto a algún detalle técnico ), como parecen un matrimonio condenado a trabajar y vivir juntos en el fin del mundo, como se complementan entre ellos, su afinidad y entendimiento a pesar de que ella quiere marchar a Titán mientras él quiere quedarse en la Tierra ( ese pequeño refugio en medio de la montaña, donde Jack esconde libros, un equipo de vinilo con discos de Pink Floyd o Led Zeppelin, entre otros objetos arcaicos y antiguos ). Ambos trabajan bajo la supervisión de Sally ( una deliciosa Melissa Leo: nadie hace de cabrona simpática tan bien como la oscarizada intérprete de The fighter ). La irrupción de la misteriosa Julia provocará un cisma en ese “ matrimonio” donde una pasará a ser la amante y otra su mujer ( sin desvelarlo, aunque es previsible ) a la vez que comienzan a surgir los misterios que quieren asombrarnos pero que ay demuestran una simpleza narrativa y ninguna capacidad de sorpresa pues a partir de la segunda hora no tenemos ni una ni dos sino ¡¡tres!! giros o sorpresas narrativas ( y aún habrá más ). Kosinski conceptualmente tiene buenas ideas, algo que ya demostró en la tardía secuela de Tron, pero no sabe llevarlas a buen término, no es un buen narrador cinematográfico ( recordar la eterna escena del tren en Tron legacy.. ), sus cintas están llenas de un excelente acabado visual ( esos decorados ) y mejor elemento auditivo ( allí la banda sonora de Daft Punk, aquí la melancólica y triste música de M83: emociones que la cinta quiere pero no sabe transmitir ) pero su narración es altamente irregular y no transmite lo que pretende; un envoltorio muy bonito pero vacuo y sin sentimientos.

 

Además la cinta parece que quiere pasar de una cinta de ciencia ficción reflexiva a otra trepidante y con escenas de acción ( por cierto: muy mal filmadas y peor montadas, como esa pelea entre Jack y ya veréis quien; mejor el ataque de los drones al escondite de los “carroñeros” ) como si la cinta tuviera miedo de llevar sus ideas hasta el final de sus consecuencias pensando en no perder audiencia y finaliza además con un nada recomendable falso happy end al cual no le veo demasiada lógica. Su segunda hora se hace eterna y acaba abrazando el comercialismo más vacio, la relación Jack-Julia falla en la total falta de química entre Cruise y Kurylenko, algo que no ocurre entre Jack y Victoria; ni siquiera Morgan Freeman, en su papel mesiánico del individuo que abre los ojos a Jack, convence si bien su papel es muy escaso y no llega a dejar huella.

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