martes, 22 de septiembre de 2015

[Crítica] La visita

Bienvenido de nuevo Mr. Shyamalan



M. Night Shyamalan vuelve a lo suyo. Cierto, es un film found footage, simple, sin alardes ni demostraciones estilísticas. El guión y el montaje son lineales y sencillos y además todos los clichés del cine de terror están presentes. Si no fuera porque el director es quien es probablemente esta cinta pasaría inadvertida, hundida bajo otras decenas de propuestas similares que salen cada año. Pero precisamente que el director sea este hindú criado en Philadelphia es la razón por la cual esta película destaca por encima de otras del género. Shyamalan no reinventa el género: lo dignifica.

Ya me disculparéis si empiezo hablando en primera persona. Admiro a Shyamalan. Me encanta El sexto sentido (1999), pero adoro El protegido (2000), Señales (2002), El bosque (2004) e incluso esa mística ñoña y trasnocha de La joven del agua (2006). A partir de El incidente (2008) sobrevinieron un par de crisis. Creativa para Shyamalan, de fe para mí. Pero, ¿cómo no perder la fe tras ver a Mark Wahlberg con cara de panoli buscar de dónde viene el viento mientras grita “¡dejadme pensar!”? Ignoré sus films de fantasía y ciencia ficción para la familia Smith y volví a sentir esa punzada de ilusión con el piloto de la entretenidísima Wayward Pines, cuyo único argumento en contra que se me ocurre es que bebe de tantas fuentes que la sensación es la de andar por un camino demasiado transitado, marcado a fuego por los miles de pies que han pasado antes por ahí.

La visita es un regreso a muchas cosas. A un guión propio, a un presupuesto más ajustado y a unas sensaciones que hacía tiempo parecían perdidas. ¿Acaso hay algo más que rascar en el found footage? Quizás eso es lo de menos.

Si los famosos giros de guión de Shyamalan funcionaban tan bien era debido a que previamente había generado un ambiente particular gracias a la construcción de un mundo complejo, un entorno con sus propias leyes y reglas. Sus primeras películas conseguían transmitir una tensión de aumento lento y constante que propiciaba las condiciones necesarias para la estocada final: esas revelaciones tan sobrias y directas que tenían la irreprochable virtud de dejarte con el culo torcido. Tal habilidad se volvió en su contra y muchos esperaban de sus films un simple juego de equívocos orientados a un único objetivo: sorprender.


Shyamalan en cambio, retorna a lo que tan bien se le daba. En un espacio concreto —en este caso la casa de los abuelos en el campo, el granero, el sótano; en otras ocasiones fue la granja de Señales, la comunidad rural de El bosque o el complejo vecinal de La joven del agua— y aisla a unos personajes bien elaborados que con cuatro pinceladas consigue dotarlos de una personalidad y dinámica concretas —lo que por sí solo, junto a una dirección de actores nada desdeñable, encumbra a La visita por encima de cualquier otro film de terror habitual— que descubrirán los acontecimientos a la par que los espectadores. Obviamente no se omite la sorpresa final, la propia estructura del filme obliga a ello y el director hindú, en esta oda a la sencillez del género, no pretende doblegar sus reglas, más bien parece querer respetarlas con una disciplina prusiana.

Shyamalan trata su primera incursión en el found footage con la misma sobriedad con la que maneja el resto de características del film. Rodada con dos cámaras digitales —lo que permite algunas secuencias montadas en paralelo— y sin artificios, con la excusa de una joven protagonista con aspiraciones de directora (quizá para Shyamalan, su resurrección implicaba rememorar aquella sensación que lo llevó a querer contar historias con una cámara). No busca diferentes texturas como por ejemplo Emergo (Carles Torrens, 2011) o Apollo 18 (González López-Gallego, 2011), rodadas con diferentes materiales para simular una variedad de fuentes, ni romper los límites físicos que el propio género tiene, tal como hacían los chicos con poderes de Chronicle (Josh Trank ,2012) o la fantástica, tensa y espectacular Afflicted (Derek Lee y Clif Prowse ,2013), enmarcada dentro del género vampírico. El montaje es lineal y salpicado de entrevistas, lo cual confiere al conjunto las formas un de falso documental.

Está claro que se ha estrenado en salas comerciales de forma tan inmediata gracias a la fama, para bien o para mal, de su director. Aún y así es evidente que este subgénero goza de cierta fama entre el público español, o desde luego así lo piensan algunos distribuidores que no dudan en estrenar con premura cualquier entrega, a cada cual más infame, de la saga Paranormal Activity u otros sucedáneos chorras como La horca (Travis Cluff y Chris Lofing, 2015) y en cambio mantienen en tierra de nadie pequeñas joyas como la antes mencionada Afflicted o films más sencillos técnicamente como The Sacrament (del grandísimo Ti West, 2013) y Creep (Patrick Brice, 2014), dos ejemplos maestros de cómo crear tensión con los mínimos elementos posibles.


Lo más destacable del conjunto, más allá de su mérito como película de terror per se logrando ciertas escenas más que encomiables, es la elaboración de sus personajes y la acertada inclusión de humor; en ocasiones es un humor blanco y cercano, en lo concerniente a los hermanos (Olivia DeJonge y Ed Oxenbould), y en otros momentos bien negro, logrando que los abuelos (Deanna Duanagan y Peter McRobbie, el cura del Daredevil de Netflix) sean unos personajes a recordar.

Shyamalan habrá elegido los temas y las formas con las que rodaría un debutante pero no oculta su talento, ni para crear un ambiente de incertidumbre que se modula de forma impecable a lo largo del film, ni para dibujar unos personajes bien trabajados y sorprendentemente cercanos. ¿Cuándo fue la última vez que no deseasteis que un adolescente muriera de forma lenta y dolorosa?

En una película, claro.

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