martes, 3 de marzo de 2015

[Cine] ( Críticas) Fuerza mayor

Blanca nieve, oscuros sentimientos





¿ Qué importancia tiene una acción trivial, una respuesta involuntaria ante un peligro cercano ? ¿ Puede tu personalidad y sentimientos ser definidos por un efecto no pensado, un movimiento imprevisto, un movimiento humano al final ? Esta es la tesis de esta dura e interesantísima historia escrita y dirigida por el sueco Ruben Östlund, el cual ya habló de las relaciones humanas en su anterior Play  ( 2011 ). Precandidata para el Oscar al mejor film de habla no inglesa ( aunque finalmente, y de manera equivocada, no estuvo en la carrera final de los Oscars, donde ganó la al parecer imbatible Ida de   ), Fuerza mayor es un estupendo drama humano, una cinta a ver con interés y debatible en su finalización.



Conocemos a la hermosa y prototípica familia  , formada por el marido Tomas ( Johannes Kuhnke  ), la esposa Eva ( Lisa Loven Kongsli  ) y sus dos hijos en una sesión de fotos , un momento tan familiar y bello pero que poco a poco se va enturbiando en las caras de los miembros del clan: algo ha pasado. Así veremos como, en sus vacaciones en la nieve, durante un desayuno habrá un alud ( controlado ) que se va de las manos y da un susto terrible a varias familias que estaban desayunando en la terraza, pero donde el padre de la familia protagonista responde ante esa amenaza, alejándose de sus hijos y esposa en vez de saltar a protegerlos. Esa acción tan al parecer espontánea y sin importancia será la punta de lanza de una serie de discusiones entre el matrimonio, donde también involucrarán a otras parejas, como la que conocieron en dichas vacaciones o a su amigo  Mats ( Kristofer Hivju  , Juego de tronos ) y su nueva novia  ( Fanni Metelius   ). El intercambio de opiniones, la sombra del divorcio, sentimientos ocultos en un matrimonio que hará aguas por todos lados; las vacaciones familiares acaban siendo el peor de los infiernos para la pareja y sus dos sufridos hijos.





Force Majeure es el resultado de que Ingmar Bergman y Michael Haneke se fueran de vacaciones a la nieve y lo que pasaría con sus respectivas parejas, una visión nada complaciente del estamento del matrimonio, donde la alegría y sentimientos iniciales derivan en cotidianidad, costumbres y hasta resultar una relación tediosa, los sentimientos ocultos de cualquier ser humano ocultos tras varias capas. La nieve que amenaza con sepultar a ese matrimonio es la misma que oculta lo que realmente sentimos de nuestra pareja, nuestra media naranja pero que, ante una situación aparentemente sin trascendencia ni peligro, revela su verdadera cara. Si en su anterior film el director usaba una violencia física entre los seres humanos, aquí se trata de un relato nervioso dentro de su agradable y falsa tranquilidad y que esconde sentimientos, una radiografía del matrimonio, lo que supone de cara a la galería y lo que hay tras las puertas cerradas. Cito a Bergman por su descripción de esa relación así como la belleza oculta en sus imágenes, como la del propio alud – tan aterradora como bella – y a Haneke por la mirada fría sobre esa pareja pero también podemos hablar de Ulrich Seidl, el autor de la trilogía de Paraíso (Amor, Fe, Esperanza: de ambos autores austriacos toma esa mirada fría pero psicológica y penetrante como un bisturí así como un humor inesperado : la figura de ese conserje que se convierte en impredecible testigo de las cada vez más acaloradas discusiones del matrimonio con cara atónita, como el espectador, es la mejor muestra – el momento en que ella pide privacidad parece que, en vez de hablar con el conserje, esté hablando con la propia audiencia -.





La puesta en escena de hace hincapié en esa monotonía en la que deriva un matrimonio, y que es una paradoja de ese, aparente, momento tan bonito de la sesión de fotos que abre la cinta: las continuas repeticiones del plano de la pareja en el cuarto de baño cada mañana, sin apenas mirarse, ninguna tensión sexual a la vista, hacen mella en la idea. La dirección consigue introducirse en ese matrimonio, diseccionarlo y a la vez crear un virus que afectará a otras parejas ( como la vitalista formada por el amigo de y su joven amante, los cuales también caerán en esa red de sinsentido y peleas ) y su mirada contemplativa llegará a incomodar al espectador y a hacerle partícipe del debate, a la vez que crear tensión en los momentos más insospechados ( ese clímax final con el autocar ).



Fuerza mayor acaba siendo una interesantísima película, un retrato abierto al debate y muy incisivo, una demostración de ideas y de puesta en escena así como el acompañamiento de un trabajo actoral acorde a esta tan incómoda como acertada cinta. En una época de crisis donde la pareja ( y el núcleo familiar, si lo hay ) es la que acaba sufriendo más que nadie, la aguda película de nos hace partícipes de esa posible crisis tan realista como dura.

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